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El año tsunami.

Cuando la revista Despertando mentes mexicanas me hizo la propuesta de escribir un artículo para la edición de este mes, algunas ideas, como hacer una lista de metas u objetivos de año nuevo, vinieron enseguida a mi mente, pero no me emocionaron, no me parecieron relevantes.


Decidí esperar y confiar en que, en el momento adecuado, encontraría algo que realmente quisiera compartir porque haría vibrar mi corazón. Quedé pues, pendiente y atenta, como cazadora esperando a su presa para encontrar el tema perfecto del cuál escribir pero nada llegaba, hasta que un día al ir a correr la idea me golpeó con la más grande claridad.


Sucede que entre el momento en que la propuesta me llegó y el momento en que la idea se presentó apareció la segunda ola de Covid en Francia, el segundo confinamiento, la segunda lección, la segunda oportunidad. He aquí mi relato del año tsunami y el por qué elegí compartirlo con ustedes en este artículo.


El 1er día del año 2020 comenzó de manera turbulenta ya que, apenas unas semanas antes, había decidido renunciar a mi trabajo porque algo dentro de mis tripas me decía que ya no quería estar ahí. Por supuesto que el tomar una decisión así cuándo la convicción viene desde el fondo de nuestras entrañas parece fácil pero la realidad es que a veces escuchar ese llamado implica un nivel de miedo y de cambio a nivel interno y externo que nos hace sentir en medio de un terremoto en el que la única posibilidad es reconstruir todo desde una profunda sensación de vacío y desamparo.


Afortunadamente para mí, mientras el temblor impactaba mi ámbito laboral ; mi vida amorosa florecía y me encontraba en una relación que me daba la impresión de poder enfrentar el terremoto sin mucha dificultad y acompañada.


Con esa confianza empecé a navegar para buscar las nuevas posibilidades profesionales en mi horizonte. Como suele suceder seguido en mi vida, la magia se manifestó. Ahí estaba, justo frente a mí, el plan perfecto, a mi medida, cual zapatilla de cenicienta. Se trataba de un anuncio que buscaba un par de artistas (un hombre y una mujer) para integrar su compañía de espectáculos en una ciudad en Francia, cerca del mar. Al leer el anuncio parecía que estaban describiendo al pie de la letra a mi compañero y a mí. No dudamos ni un segundo en enviar un mensaje para presentarnos y la magia siguió actuando (como le es costumbre cuando nos ve en acción).


Tanto para la compañía como para nosotros era una evidencia que este encuentro era perfecto y sincrónico. ¡Listo! Teníamos trabajo nuevo. Los integrantes de la compañía estaban convencidos y hasta habían aceptado la idea de que íbamos a estar de viaje en México durante los meses de marzo y abril y que nos integraríamos a la compañía en cuánto volviéramos a Francia.


Simplemente era un cuento de hadas. Me mudaría con mi pareja cerca del mar para unirme una compañía de espectáculos y tendría un trabajo después de viajar y visitar a mi familia en México, ¡Mejor imposible!


Mi mente empezó a divagar imaginando esta vida ideal y el juego de la casita con mi novio. Pasaba horas buscando nuestro nuevo hogar e imaginando cómo sería nuestra nueva vida en común.


Para llevar a cabo este plan había que soltar la casa donde vivía mandando una carta al propietario para informarle que 3 meses después le entregaría las llaves para partir con destino a mis nuevas aventuras. Esto quería decir que a mi retorno a Francia sólo tenía 2 semanas para organizar mi mudanza, encontrar un nuevo hogar, instalarme en una nueva ciudad e sumarme en una nueva compañía. Todo parecía una locura, pero una locura maravillosa.

A finales de febrero, y con este brillante futuro en puerta, tomé un avión a México. Apenas empezábamos a escuchar que había un bichito en el aire, el cual no parecía muy agresivo.


Durante la primera mitad del viaje la pasé fenomenal, volví a ver a mi familia, mis amigos, "domingueé" en las calles de la Condesa y Coyoacan como tanto nos gustaba hacer con mi mamá años atrás, me comí todos los tacos habidos y por haber, celebré mi cumpleaños rodeada de amigos, cumbias y tequila. Además mi pareja y una de mis amigas de Francia habían aterrizado para descubrir las maravillas de México. Vuelvo a repetir, todo era un sueño.


Recuerdo que al llegar mi novio me explicó que la situación en Francia se estaba poniendo grave y que de haber esperado unos días ya no habría podido tomar su avión a México porque al parecer ese bichito en el aire era mucho más agresivo de lo que parecía. Yo, cautivada por la fantasía de mi situación, no lo tomé muy en serio así que decidimos continuar nuestro viaje de acuerdo al plan.


Rentamos un carro, metimos nuestras maletas y arrancamos hacia nuestro road-trip de ensueño. La idea era llegar hasta el Caribe mexicano y volver a la Ciudad de México antes de volver a Europa. Recorrimos Puebla, Oaxaca y Chiapas pero llegando a Palenque; empezamos a sentir que efectivamente la situación se estaba agravando en Francia y en México y que tendríamos que tomar decisiones. Mi amiga no lo dudó y 24 horas después estaba sentada en un avión dirección París. Mi novio y yo por el contrario pasamos más de una semana pegados a la noticias intentando tomar una decisión particularmente complicada : dejar la selva chiapaneca para retornar a Francia y confinarnos en una casa fría. La decisión fue particularmente difícil para mí ya que además de estar en mi lugar favorito del mundo también me encontraba en mi país y tomar un vuelo a Francia quería decir partir sin saber cuándo podría volver a México y dejar a mi familia en un contexto sanitario y social que nunca antes había vivido.


Tomamos la decisión. Retorno a la ciudad de México. Dentro de todo este periodo fue lindo ya que pude compartir más tiempo con mi mamá que lo que había previsto. Sin embargo, en este tiempo nuestra propuesta de trabajo se había desvanecido, había quedado flotando en un futuro completamente incierto. El contexto, como a muchas parejas, terminó por crear conflictos entre nosotros. Faltando algunos días para regresar a Francia (tomando un vuelo que terminó de quebrar nuestra economía) ya no logramos entendernos y nuestras diferencias de pareja más profundas salieron a flote. Ya no había manera de evitar nuestra separación.


Tomamos el avión a Francia (el cuál iba casi vacío) y no viajamos juntos. La última vez que lo ví fue al aterrizar en París. El tomó su camino y yo el mío. Había comenzado el tsunami.

Destrozada, tomé un tren para llegar al pueblo donde vivía para confinarme. Al llegar a la estación de tren del pueblo, me encontraba sola y cargada de maletas como mula pero no sabía si me pesaban más las maletas o el alma. Salí de la estación y quedaban aún 20 minutos de caminata para llegar a casa y por si fuera poco empezó a llover.


Llegué a casa sola, mojada, sin trabajo, a rastras y en pedazos. Al abrir la puerta noté que mi roomie ya se había mudado dejándome una casa casi vacía y sucia.


¡Bienvenida a tu lugar de confinamiento!


Me derrumbé en mi cama durante semanas, semanas de soledad, de incompresión, de incertidumbre, de enojo y de tristeza y aún así tenía que ocuparme de la mudanza ya que tenía una fecha límite para irme. Pero, irme a donde ?


Afortunadamente para mí practico algunas técnicas de meditación, tengo una mamá espectacular y cuento con un grupo de personas maravillosas que siempre están ahí para mí al pie del cañón. Me parece que lloré todas las lágrimas de mi cuerpo y golpeé cojines sin parar con el fin de sacar toda la rabia que sentía. Poco a poco, mientras estas emociones fuertes se iban de mi cuerpo, algunas claridades llegaban a él. « No puedes controlar lo que pasa al exterior de ti », « fluye » ,« Ahora toca hacerte cargo de tí », « Sigue yendo dentro de tí, encuentra tu paz ». Poco a poco logré salir de este estado de devastación total. Mientras más me vaciaba de emociones fuertes, más soluciones se iban presentando.


Al llegar la fecha de la mudanza pude poner las cosas en acción y entregar las famosas llaves. Me mudé temporalmente a un Airbnb en el mismo pueblo ya que aún no tenía noticias de mi trabajo cerca del mar. Lloré todos los días pero me hice una promesa : « Ahora voy por mí, no importa lo que cueste ». Empecé a hacer ejercicio, a meditar aún más, a tomar cursos online, a cocinar las cosas que disfrutaba, a compartir por internet con las personas importantes de mi vida, a arreglarme para mí, a coser mascarillas, en resumen a conectarme de nuevo a mi misma. La casera del airbnb era divina y hasta tuve la oportunidad de compartir con ella y con nuevas personas interesantes. Empecé a pasarla bien de nuevo, a disfrutar y entre más disfrutaba más las cosas iban cayendo en su lugar.


Logré tener una conversación con mi ex, para explicarnos tratando de dejar atrás nuestro dramático episodio, no con el fin de retomar nuestra relación sino para entender. Entender que a pesar de cualquier situación o emoción negativa, en donde hubo amor siempre va a haber amor, un amor diferente, transformado, inesperado pero amor de cualquier forma.


Una semana antes de tener que dejar el Airbnb me llamó mi nuevo jefe para informarme que los espectáculos estaban retomando y que me esperaba lo más rápidamente posible al otro lado de Francia. Todo estaba tomando forma y sin embargo las emociones fuertes seguían presentes ya que estaba por despedirme del pueblo donde había vivido durante 2 años para mudarme a un lugar desconocido. Iba a mudarme sola, dejando atrás toda fantasía de familia feliz en un nuevo hogar.


Llegando a mi nuevo lugar, se me apretaba el estómago pensando en todas las cosas que había imaginado con mi ex, toda esa vida que ya no sería. Poco a poco me fui integrando pero seguía profundamente triste y algo dolida, pero al menos hacía calor, tenía trabajo y algunas nuevas cosas que agradecer.


Apenas un mes después de llegar a mi nuevo hogar, el destino trajo a mí un nuevo personaje, un hombre totalmente espectacular, interesante, atento, talentoso, divertido. La realidad es que no me lo esperaba, y creo que él no me esperaba a mí. Comenzamos a salir, comencé a creer que era posible enamorarme de nuevo. Me llevó a visitar lugares preciosos, fue un verano magnífico.


Empecé a emocionarme de nuevo y romántica como soy empecé de nuevo a imaginarme mil historias y a idealizar a la persona que tenía en frente. Aquella energía que había logrado enfocar en mí se estaba tornando hacia él, y entre más me enfocaba en él, más me olvidaba de mí.


El verano terminó y las cosas empezaron a ponerse raras entre nosotros. Lo sentía distante, diferente y hasta irrespetuoso. No entendía lo que estaba pasando, y ahora que tanto había volcado mi energía en él, sentía un vacío y un poco rencor hacía él.


¿Qué había pasado? ¿Dónde estaba ese hombre que había conocido en verano? Sería acaso que no era suficientemente buena para él ? Él , Él , Él ….. y yo ?


Yo me había olvidado de nuevo, había olvidado que cuando me enfoco en mí todo fluye mucho mejor. Quizás hasta él había sentido un poco de presión de mi parte y ¿quién quiere estar con alguien con una energía de necesidad y apego total?

Además, al idealizarlo tanto, yo había encontrado mecanismos y excusas para justificar actitudes de él que me herían profundamente.


Fue en ese momento que la segunda ola del tsunami apareció. Segunda ola de Covid, confinamiento, todo otra vez.


La primera historia se estaba repitiendo, los espectáculos anulados, confinada sola, terminando una relación. Otra vez.


La maravilla de volver a vivir esta experiencia es que pude redirigir mi foco mucho más rápido hacia mi misma. Otra vez lloré, otra vez golpeé cojines, otra vez tuve que enfrentarme al hecho de que me había estado abandonando a mi misma. ¡Otra Vez!


Honestamente sentí que el universo me estaba mandando de nuevo la misma lección, como si buscara asegurarse de que ya la había entendido .


Me volví a enfocar, a retomar las cosas que disfruto y me hacen bien, a enfocarme en lo que puedo agradecer y en el momento presente. Volví a reflexionar sobre el hecho de que lo único que controlo es mi energía y donde decido ponerla. Como por arte de magia las cosas se volvieron a poner en pie. Llegaron proyectos que me emocionan porque van en el sentido de la ecología, el arte, la cultura, la unidad. Volví a enfocarme en cuidar mi cuerpo y en abrazar mis emociones amorosamente para volver a caminar.


Fue en este momento que me llegaron las más grandes claridades de este año. La primera cuestión que entendí es que no era ninguna víctima del hombre con el que salía ya que yo estaba encontrándole excusas y no siendo clara con respecto a lo que realmente quería.


Descubrí que al ser consciente de esto ya ni siquiera estaba enojada con él ya que al final lo que realmente me estaba doliendo de nuestra relación no era lo que él hacía sino lo que yo callaba y yo permitía. Esto simplemente quería decir que yo no era víctima suya sino víctima de mi misma.


La segunda claridad que tuve fue que cualquier experiencia nos hace crecer si decidimos ver en ella una oportunidad, a pesar del dolor, a pesar del miedo. Entendí que esta segunda ola de « TODO » en este año era como un examen, una oportunidad de elegir diferente.


Para mí este año fue un verdadero revolcadero, en donde lo único posible era fluir con los cambios, aceptar que las cosas no siempre son como yo quiero y que no puedo controlar nada externo a mí. Sin embargo, este tsunami ha sido para mí uno de los más grandes maestros de mi vida. El maestro que me ha enseñado a quererme más a mi misma, a hablar mi verdad, a soltar el papel de víctima, a enfocar mi energía en las cosas que realmente le importan a mi corazón, a abrazar cada vez más mi humanidad y mis emociones, a fluir con lo que es, a amar porque el amor es un súper poder.


Si les comparto todo esto es porque me parece que así como para mí este año ha sido el año tsunami, creo que para muchos de ustedes lo ha sido también pero creo que de verdad estamos viviendo un momento de gran toma de consciencia, de gran despertar. Simplemente se trata de ir hacia nosotros mismos y preguntarnos cuáles han sido para nosotros las grandes lecciones del año tsunami.


Les deseo con todo mi corazón que encuentren las respuestas a esa pregunta porque pienso que no hay mejor manera de comenzar el año nuevo que tomando las enseñanzas del 2020, el año tsunami.


Gracias y feliz año nuevo.




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